Trasplantes dobles de pulmón salvan las vidas de los pacientes con COVID más enfermos

Dos pacientes con coronavirus que se enfermaron de tal gravedad que su única oportunidad de sobrevivir fueron trasplantes dobles de pulmón se están recuperando ahora de su terrible proceso, informan los médicos.

Mayra Ramírez, de 28 años, y Brian Kuhns, de 62 años, son los primeros dos casos conocidos de COVID-19 en Estados Unidos en que se ha probado un procedimiento tan drástico, según sus médicos, de Northwestern Medicine, en Chicago.

“Mayra y Brian no estarían vivos hoy en día sin los trasplantes dobles de pulmón. La COVID-19 destruyó sus pulmones del todo, y estaban gravemente enfermos al someterse al procedimiento del trasplante, convirtiéndolo en una tarea difícil”, señaló el Dr. Ankit Bharat, jefe de cirugía torácica y director quirúrgico del Programa de Trasplantes de Pulmón de Northwestern Medicine.

“Cuando abrimos las cavidades torácicas de Mayra y Brian, grandes partes de los pulmones estaban necróticos [muertos] y llenos de infección”, dijo Bharat en un comunicado de prensa de Northwestern. “El grave daño y la inflamación de los pulmones habían provocado una sobrecarga de presión en el corazón, lo que hizo que la cirugía fuera incluso más compleja. Un paso en falso en el quirófano habría conducido a consecuencias catastróficas”.

“De cualquier forma, el éxito de estos trasplantes enfatiza que la innovación quirúrgica también puede tener un rol importante para ayudar a algunos pacientes con COVID-19 gravemente enfermos”, añadió.

Ramírez, una residente de Chicago, fue la primera en someterse a la compleja cirugía, el 5 de junio.

Su batalla contra el coronavirus comenzó en primavera. Aparte de tener una enfermedad autoinmune que afecta a la médula espinal y a los nervios de los ojos, estaba sana y tomó medidas adicionales de precaución cuando la COVID-19 llegó a Illinois.

“En marzo, comencé a trabajar en casa, y nunca salía de casa”, explicó Ramírez. “Pero, en abril, me puse en contacto con mi médico, y me quejé de fatiga, espasmos crónicos, diarrea y la pérdida del gusto y el olfato. Solo tenía una fiebre leve de 100 grados Fahrenheit [37.8 grados centígrados], así que vigilé mis síntomas desde casa y me mantuve en contacto con la línea de asistencia de la COVID-19 todos los días. No fue hasta el 26 de abril que me sentí realmente mal y fui al departamento de emergencias. Desde ese momento, todo es muy confuso”.

A los 10 minutos de ser admitida al hospital, Ramírez tuvo que ser colocada en un ventilador. Pasó seis semanas en un ventilador y en OMEC, una máquina de soporte vital que realiza la función del corazón y los pulmones. A principios de junio, sus pulmones estaban tan dañados que estaba claro que un trasplante doble de pulmón era su única opción, comentaron sus médicos.

Sin recuerdos de los meses en la UCI

“No recuerdo nada de mis seis semanas en la UCI. Cuando al final desperté, era mediados de junio y no tenía ni idea de por qué estaba en la cama de un hospital”, dijo Ramírez. “Mover los dedos de los pies era difícil, y sentía que había perdido capacidades cognitivas”.

“Pero, desde mi trasplante, no he dado un paso atrás ni un solo día”, añadió en un comunicado de prensa de Northwestern. “Sí, mi cuerpo ha pagado un precio mental y físico, pero incluso en mis peores días, puedo hacer un poco más que el día anterior”.

Por fin, el 8 de julio, Ramírez recibió el alta del hospital, y sigue recibiendo terapia ocupacional y física.

“La gente debe comprender que la COVID-19 es real. Lo que me pasó a mí le puede pasar a usted. Por favor, use una máscara y lávese las manos. Si no por usted mismo, hágalo por los demás”, enfatizó Ramírez.

Brian Kuhns con el Dr. Bharat tras el trasplante

El calvario de Kuhns con la COVID-19 también comenzó en marzo. El propietario de un taller mecánico en Illinois se quejó de dolor de cabeza, dolor de estómago y una temperatura fluctuante. Tras desarrollar una tos, Kuhns acudió a la sala de emergencias local, el 18 de marzo. Esa fue la última vez que su esposa, Nancy, y sus dos hijas lo verían durante casi cuatro meses.

“Nadie se puede preparar para la carga emocional que la COVID-19 implica para una familia. No poder ver, tocar o abrazar a su ser querido mientras lucha por su vida en la UCI es extremadamente difícil”, aseguró Nancy Kuhns. “Antes de la COVID-19, Brian era una persona bastante sana a quien le encantaban la música, los coches y hacer reír a la gente. Pero también pensaba que la COVID-19 era un engaño. Puedo asegurarles que las ideas de Brian han cambiado. La COVID-19 no es un engaño. Casi mató a mi marido”.

Complicaciones, y una cirugía que duró largas horas

Kuhns fue tratado en otro hospital antes de ser transferido al Northwestern Memorial, con el fin de evaluarlo para un trasplante doble de pulmón. Lo colocaron en una lista de espera, y 72 horas más tarde realizaron el trasplante, el 5 de julio. En general, un trasplante doble de pulmón dura unas seis a siete horas, pero esta cirugía duró cerca de 10 horas, comentaron sus médicos.

“Antes de la llegada de Brian al Northwestern Memorial, desarrolló una infección invasiva que requirió una cirugía de tórax mayor. Esto hizo que el trasplante doble de pulmón fuera sustancialmente más difícil”, comentó el Dr. Samuel Kim, un cirujano que asistió al Dr. Bharat durante el complejo procedimiento. “Cuando abrimos la cavidad torácica, había muchas evidencias de infección: todo lo que tocábamos o diseccionábamos sangraba”.

Tan solo un día tras la cirugía, Kuhns había salido del ventilador, y continúa recuperándose.

“Todo pasó tan rápido. Un momento estaba administrando mi empresa, y al siguiente me pasé 100 días en una máquina de soporte vital”, dijo Kuhns. “Si mi historia contiene alguna enseñanza, es que la COVID-19 no es una broma. Por favor, tómenselo en serio”.

Northwestern no es el único hospital de Estados Unidos que ha realizado un trasplante doble de pulmón. Los médicos del Hospital Shands de la Universidad de Florida, en Gainesville, realizaron el procedimiento, que salvó la vida de un hombre de Texas de 50 y algo de años que enfermó gravemente con la COVID-19 en marzo. Tras 33 días en el Shands y más de tres meses en OMEC, el paciente ya salió de la OMEC y se está recuperando de forma constante, dijeron sus médicos.

“Este tratamiento ofrece una esperanza muy necesaria de que otros pacientes selectos que se enfrentan al coronavirus o a sus secuelas pueden tener una segunda oportunidad”, comentó el Dr. Tiago Machuca, jefe de la división de cirugía torácica del Shands, y director quirúrgico del programa de trasplante de pulmón del hospital.

Aun así, “un trasplante de pulmón es una cirugía mayor compleja, y las secuelas requieren que el paciente haga cambios en el estilo de vida”, añadió Machuca en un comunicado de prensa del Shands. “Hay que garantizar que este tipo de procedimiento no solo sea la única opción del paciente, sino su mejor opción”.

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