Niños y humo de tabaco tolerancia cero

Los niños son muy susceptibles a los efectos físicos del humo.

Los padres y los defensores de las políticas deberían adoptar un enfoque de ‘tolerancia cero’ en relación a la exposición de los niños al humo de cigarrillo de “segunda mano”, que puede ser responsable de consecuencias cardiovasculares durante toda la vida, además de otros problemas respiratorios, según un nuevo comunicado científico publicado en la revista “Circulation”.

“Los padres deberían considerar la posibilidad de eliminar el humo del entorno de sus hijos porque la exposición al humo del cigarrillo es perjudicial para la salud del corazón a largo plazo de los niños y puede acortar la esperanza de vida”, afirma Gita Raghuveer, cardióloga pediátrica y presidenta del grupo de expertos de la American Heart Association que escribió el comunicado.

“Los niños expuestos al humo del cigarrillo pueden desarrollar una enfermedad cardiaca temprana cuando son adultos por el mal funcionamiento de los vasos sanguíneos rígidos. Algunos bebés que estuvieron expuestos al humo del cigarrillo mientras todavía estaban en el útero pueden estar en riesgo de muerte súbita durante la infancia”, alerta.

Además de afectar a la función del corazón, causando daño a las arterias, la exposición al humo de segunda mano se ha vinculado con otros factores de riesgo cardiovascular como la obesidad, el colesterol alto y la resistencia a la insulina, que está relacionada con la diabetes. Además, los niños son más propensos a convertirse en fumadores si sus padres fuman.

Desde la publicación de la declaración de la American Heart Association sobre este tema de 1994, los expertos han aprendido más acerca de los peligros del humo de segunda mano para los niños, incluyendo el alto nivel de toxicidad en el humo que proviene del extremo de un cigarrillo encendido y que el humo hace daño a los vasos sanguíneos de los niños, según Raghuveer.

El humo de tabaco contiene una gran cantidad de productos químicos que pueden afectar a la salud al provocar cambios en el flujo sanguíneo, los vasos sanguíneos, la presión arterial y el ritmo cardiaco. En comparación con los adultos, los niños son especialmente vulnerables a la exposición al humo de segunda mano, en parte, porque no pueden controlar el consumo de tabaco en su entorno, y parecen ser particularmente susceptibles a los efectos físicos del humo.

En general, se estima que 24 millones de niños y jóvenes que no fuman están expuestos al humo de segunda mano en Estados Unidos, en gran parte debido a que los padres que fuman. Mediante análisis de sangre en un estudio nacional de 2011-12, se detectó un metabolito de la nicotina llamado cotinina en casi el 41% de los niños de 3 a 11 años y en el 34% de los niños de 12 a 19 años, a pesar del descenso en las últimas décadas tanto de las tasas de tabaquismo en adultos como de las proporciones de niños jóvenes y adolescentes que viven con fumadores.

También hay una clara disparidad en la exposición de los niños de las minorías y de familias pobres en comparación con sus iguales. Los datos de 2011-12 muestran que el 68% de los niños afroamericanos no hispanos de 3 a 11 años había estado expuesto a humo de segunda mano, en comparación con el 37% de los blancos no hispanos y el 30% de los niños hispanos.

“Animar a los adultos a dejar de fumar es una solución rentable y una estrategia beneficiosa para la salud que podría beneficiar a los adultos y los niños”, afirma Raghuveer, que también es profesora de Pediatría en Children’s Mercy Hospital y Clinics in Kansas City, en Missouri, Estados Unidos. “El aumento de los impuestos del tabaco para desalentar el tabaquismo también podría disminuir la exposición de los niños”, considera.

La declaración también tiene sugerencias dirigidas a los profesionales de la salud que incluyen registros médicos electrónicos que podrían alertar a los profesionales sanitarios de que un niño está expuesto al humo del cigarrillo, la formación en el asesoramiento para motivar a las familias a hacer cambios y la divulgación temprana a las familias a través de Head Start, un programa de educación temprana del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.

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